Conozca a los cinco Titanes Caracol, nominados en la Categoría “Gestos De Paz”
“Porque las buenas acciones merecen ser reconocidas, esta semana los colombianos conocieron a través de Noticias Caracol a los 5 nominados de los premios Titanes Caracol 2015 en la categoría Gestos de Paz. Héroes de carne y hueso que sin protagonismo y sin esperar nada a cambio entregan la vida por su comunidad. Para votar por alguno de ellos, debe ingresar a https://titanes.noticiascaracol.com/categoria/gestos-de-paz.
La próxima semana, los televidentes conocerán en pantalla a los 5 nominados en la categoría Salud y Bienestar donde podrán votar también por el Titán de su preferencia. Las personas que quieran conocer a todos los nominados en cada categoría deben ingresar a https://titanes.noticiascaracol.com/. El plazo para elegir a estos Titanes Caracol, Grandes de Corazón, es hasta el 13 de diciembre de 2015 y las personas pueden votar una vez al día en cada categoría.
Nominados Categoría Gestos De Paz
Iván Pasaje
Iván Pasaje está convencido de que la paz llega cuando el campo florece. Vive en San José de Albán, el cuarto municipio más pequeño en el Departamento de Nariño y al que la violencia ha golpeado muy fuerte, víctima de cuatro ataques guerrilleros y la proliferación de cultivos ilícitos.
Ingresó al programa Familias Guardabosques junto a un grupo de habitantes del municipio en el año 2003 y con el salario que les pagaban compraron tierras, las reforestaron, le dieron buen manejo al agua y con eso regresaron al cultivo del café.
“Somos 576 afiliados a la asociación agropecuaria, en ella estamos produciendo café. La Comunidad Autónoma de Madrid nos entregó dinero para comprar la maquinaria de procesamiento. Hoy nuestra organización está mostrándole a Colombia y al mundo que se puede mejorar la calidad de vida con tranquilidad, sin violencia y sin derramamiento de sangre”.
Iván tiene como meta, que en 2019 la empresa esté bien fortalecida y con unidades de negocio bien establecidas.
María Felisa Mosquera
María Felisa Mosquera tiene como misión formar niños y niñas para que construyan la paz. A las 4:30 a.m. despierta a los menores, los baña, ora con ellos, y los despacha a la escuela. Cuando llegan de estudiar les tiene preparada alguna labor extra curricular como clase de valores humanos.
“Los niños que llegan al hogar son niños desplazados, maltratados y rechazados. Ellos provienen de barrios marginales de Medellín. No se trata solo de dar nutrición, sino una educación rica en derechos humanos, con valores y que aprendan a perdonar. ¿Cómo consigo los recursos? Por un milagro de Dios. Los ingresos fijos son muy pocos y el resto, me toca salir a buscar donaciones”.
Los niños que tiene a su cargo no se desligan de sus familias, al contrario, viven un proceso de acercamiento. Cuando logran compenetrarse madre e hijo, el menor se va del hogar.
“Ellos han logrado cambiar su vida, transformando el resentimiento en perdón y comprensión, lo cual los hace muy felices”.
Edwin Rodríguez
Edwin Rodríguez quiere cambiar el color de la guerra por uno lleno de esperanza y de paz. Pertenece a un pueblo que se llama Vegalarga, en el Huila, el cual se ha caracterizado por ser una zona de violencia por más de 25 años, lo cual ha hecho que su vida haya transcurrido entre las balas y cilindros bomba. El conflicto lo obligó a pensar de qué manera podía cambiar el entorno de esa población, y eligió el arte como herramienta transformadora.
“Mil colores para mi pueblo es una iniciativa donde trabajamos con poblaciones que han sido víctimas del conflicto armado, mediante talleres enfocados en la apropiación de los espacios, se pretende que las comunidades no vuelvan a incurrir en patrones de violencia. En Vegalarga pintamos 190 casas, luego estuvimos en San Luis donde trabajamos con 290 casas. Pasamos a Algeciras donde logramos pintar 490. En Puerto Rey, a 20 minutos de Cartagena, se lograron intervenir 200 viviendas y en Zipaquirá hemos pintado otras 200”.
“Creo que la paz comienza con actos simbólicos y con elementos que vamos construyendo día a día. Hago este ejercicio porque sentí que la violencia no podía seguir tocando y dañando los corazones de otros. Mi mayor alegría es ver a vecinos que no se saludaban, que no se hablaban y ahora si lo hacen gracias a la pintura, y lo mejor de todo es que ahora ellos cuentan una nueva historia”.
Su sueño es seguir llenando de color esas zonas violentas y que la pintura sea una excusa para seguir hablando de paz, de reconciliación y de memoria.
Arnulfo Berrío
Arnulfo Berrío le enseña a los niños que el amor por su territorio les hará crecer en un ambiente en paz y en armonía con la naturaleza. Cada 15 días se reune con ellos en la Casa de la Cultura de El Prodigio, en San Luis, Antioquia, para formarlos como vigías y protectores del medio ambiente. En estas clases les enseña a conocer la historia de sus antepasados y a valorar e interactuar con todo lo que ellos hacían.
“Llevamos a los niños al terreno porque quien no conoce no ama, y quien no ama no protege; y en ese sentido es importante que ellos conozcan lo que van a proteger. Hoy este corregimiento es un paraíso pero hace 14 años, cuando hubo las dos incursiones guerrilleras, nos desplazaron. A los tres años regresamos porque la vida del desplazado es demasiado difícil, no más hacer fila por un plato de comida era muy complejo; y saber que aquí teníamos la tierra para cultivarla nos hizo volver, porque esta es nuestra tierra, aquí nacimos y aquí tenemos todo”.
“Queremos que los niños sean buenos guías y puedan ellos mismos contar su historia, desde su propia perspectiva. Lo más importante es que el pasado ya pasó y el futuro nos espera y lo que anhelamos es paz en nuestro territorio”.
Gabriel Bomba
Gabriel Bomba Piamba está convencido de que el reconocimiento y la inclusión de los indígenas es también un logro para la paz.
Llegó a Medellín en 1958 en condición de desplazado. En 1976 conoció a Teresa Londoño, una mujer muy especial que posteriormente se convirtió en monja y con la cual crearon el primer cabildo urbano multiétnico. Comenzaron con 12 integrantes y hoy en día cuentan con 4.200 indígenas en la ciudad.
“El primer logro que adquirimos como cabildo fue que la Universidad de Antioquia nos abriera las puertas para nuestros hijos. Hoy en día avalamos anualmente 20 menores”.
“Otro de los logros que hemos conseguido es la guardería infantil. La meta que tenemos es obtener el reconocimiento del Gobierno porque nosotros somos un ejemplo en la ciudad de que sí se puede crear un cabildo urbano”.